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¿PARA QUÉ LOS DISFRAZAN? Por Silvia Iturriaga

Una gran mayoría de las escuelas privadas y las públicas de la Enseñanza General Básica (ex primaria) coinciden en su necesidad de uniformar a los chicos mediante la vestimenta. Es decir; en borrar las diferencias individuales y tender a lo igual, a lo único, a lo uniforme.
Tema espinoso éste del uniforme escolar; defendido por las instituciones y, en algunos casos, también por padres, con argumentos tales como la comodidad, la presentabilidad, la identificación institucional.
Que usar uniforme para ir cada día a la escuela es cómodo, es una verdad indiscutible. Tan cómodo como cada vez que soy liberado de la obligación de pensar, actuar o decidir porque alguien piensa, actúa o decide por mí.
Es paradójico y lamentable que sea justamente la escuela, la institución creada por la sociedad para acompañar a los chicos en su tránsito hacia la adultez, la que los releve de semejante oportunidad de comenzar a perfilar su autonomía o, en términos más sencillos, de aprender acerca del significado individual y social de la vestimenta.
¿Cuál sería el riesgo de que los chicos eligieran su propia ropa? ¿Que la usaran rota, sucia...? Es difícil pensar en un ámbito más adecuado que la escuela para que los chicos aprendan a vestirse y no parece haber otro mecanismo diferente al que siempre se utiliza para aprender: practicar; cometer errores, corregirlos.
Con respecto a la presentabilidad, ¿qué justifica que un niño, a partir de los seis años tenga que usar saco y corbata durante una jornada en la cual juega, se mueve, trabaja física e intelectualmente, en síntesis, aprende? Si la idea es prepararlos para la vida adulta de trabajo en cualquier ámbito, esta idea es absolutamente anacrónica. El preconcepto sostenido por las instituciones educativas sobre la base del cual obligan a los varones desde los seis años a usar corbata, es absolutamente anacrónico. Ya son muchas las empresas en nuestro país que, siguiendo la tendencia de los países avanzados, reemplazan progresivamente la vestimenta formal del traje con corbata por un casual (vestimenta informal) mucho más adecuado para estar ocho, nueve o más horas trabajando.
Lo llamativo es que en este mismo esquema, el uniforme de las chicas consista en unas coloridas minipolleritas y medias tres cuartos... ¿acaso ellas no deben emular la vestimenta empresarial?
La intención de las instituciones de lograr que sus miembros se identifiquen con ella es absolutamente legítima. Pero, ¿no sería más interesante que los chicos se identificaran con sus escuelas por compartir con ella una serie de principios y valores, y no por tener estampado el nombre del colegio en letras gigantes en la espalda?Probablemente el tema del uniforme escolar sea menor comparado con otras variables de nuestro sistema educativo, pero siempre es de lamentar la pérdida de una oportunidad para hacer aquello que la escuela está llamada a hacer: enseñar.

Aparecido en Página/12. Año 2005

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