CASUÍSTICA

MI HIJA SE QUEDA SIN ESCUELA!

Laura se acercó cuando su nena tenía un año y medio. Estaba asustada porque temía que ya fuera tarde para conseguir una vacante para su hija. Se había comunicado con algunas escuelas, según datos facilitados por familias amigas, y en ninguna había posibilidades de vacante para la Sala de 2. Estaba ansiosa, apurada, quería mucha información, muchos teléfonos para solicitar entrevistas…
Durante los primeros minutos de nuestro encuentro no hizo otra cosa que lamentarse por las “oportunidades perdidas” y preguntar por muchos y variados colegios. Se sentía culpable por lo que suponía una falta de concentración en el futuro educativo de su hija, causado por las energías, el entusiasmo y el tiempo que dedicaba a su trabajo. Inés es gerente financiera de una importante empresa. Aquel primer momento no era el más indicado para hablar de colegios.
Pero, en cuanto pudo escucharme y contestar algunas preguntas que le formulé, Laura descubrió que no conocía demasiado sobre los colegios a los que había llamado, que se había contactado con todos los que nombraban sus amigos y conocidos y que, en realidad, ella no se había detenido mucho, todavía, a pensar qué era lo que quería para la escolaridad de su hija.
De eso se trató nuestra charla: qué se imaginaba para el futuro de Flavia, cómo quería que viviera sus años escolares, cuál era la dinámica familiar, y cuáles las necesidades que se desprendían de ella. Pensar en estas cuestiones, la sacó de un imaginario de urgencias y culpas y fue más fácil centrarnos en el análisis de algunos proyectos educativos y preseleccionar algunas escuelas para visitar.
Finalmente, decidió que su hijita Flavia ingresaría recién en Sala de 3 en la que sería su escuela definitiva, y se mantendría hasta esa edad en el jardín que funcionaba dentro de la empresa en la que ella trabajaba.

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